10 años sin mili, pero tuve la mía

Si hay algo que siempre agradeceré a Aznar eso será la eliminación del servicio militar obligatorio, aunque al final yo tuve mi ‘supuesta’ mili. No hay cosa que más en contra esté que te obliguen a defender algo en lo que uno o bien no cree o bien le da exactamente igual.

El caso es que ahora que se celebran 10 años sin ella he de reconocer muy orgulloso que yo tuve mi propia mili, y me tocó en un destino de tradición histórica: Ceuta, donde Cristo perdió la sandalia. Allí tuve que ir maleta en mano y ferry mediante. A una tierra de la que tan sólo sabía que su mascota era la famosa cabra, que Millán-Astray decidió crear uno de los cuerpos militares más importantes de España y lo más importante, el tabaco a precio de saldo. Un lugar donde conocí gente que, al igual que yo, era de aquí y allá. Valladolid, Sevilla o Valencia. Por suerte forjamos una amistad que a día de hoy todavía dura a base de cerveza en mano y robarle horas a Morfeo. Nos iba la vida en ello, en estar juntos.

Pero lo nuestro no fue la mili como tal, y no nos tocó la defensa de los valores en pro de España. Fue una singular, donde conseguí mi primer contrato laboral, como la mayoría de los periodistas que coincidimos allí. Vivíamos y trabajábamos juntos. Desde toque de diana hasta la hora en la que Jesucristo fue negado tres veces. Echábamos más horas que los muebles de la oficina. Y sí, también teníamos nuestro propio calabozo, porque cuando mirábamos por aquellas ventanas de la redacción lo primero que veíamos eran los barrotes que tenían, imposibles de abrir. Horas sí, horas también.

Cuando alguien fallaba y el capitán de la compañía, el director, preguntaba por él, el resto de la tropa trataba de camuflar la realidad. “Está buscando un tema con una fuente” se decía en vez de decir que tenía una resaca que no podía ni tenerse en pié. Tuvimos que aprender a ser compañeros, amigos y algo más. Y éramos bastante más jóvenes que ahora, estábamos en una edad en la que aguantábamos como toreros trasnochar y trabajar con ojeras. La asignación por sueldo se nos iba en cerveza y leñazos con cocacola.

Pero también tuvimos que espabilarnos como profesionales. A día de hoy todavía no se cómo conseguíamos escribir todas las páginas que teníamos rellenar. Encontrábamos temas donde no los había. Era lo que tenía currar en un medio humilde. Fueron muchos los errores que cometimos, pero eso sí, si hay algo de lo que puedo estar seguro y orgulloso es que se le echaba un par, y dos si hacía falta, para sacar adelante las páginas de aquel diario. Un auténtico máster de lo que era el periodismo.

Ceuta dio mucho de sí, para lo bueno y para lo malo. Fue nuestra propia mili, la cual recuerdo con mucho cariño. Aunque no aprendimos a usar el fusil, sí lo hicimos con el bolígrafo, de lo cual lo me siento orgulloso. Y cómo no, la amistad. Va por ustedes compadres.

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Acerca de @jtrifero

Periodista. (Zaragoza, 1979). Estudié y crecí en Zaragoza. Me licencié en Periodismo (2004) y tengo un Máster de Gestión de la Información en la Organizaciones (Universidad de Murcia, 2011). Actualmente con el Doctorado sobre Periodismo de Datos y Big Data. Profesionalmente he trabajado en diversos medios de comunicación como Radio Ebro, Cadena SER Fraga y Calatayud, El Pueblo de Ceuta, Punto Radio Guadalajara Popular TV y Cadena COPE Guadalajara, El Faro de Murcia, Radio Águilas y, actualmente, La Opinión de Murcia.
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