Obama-Souza, la imagen de la naturalidad

Tengo que confesarlo. A pesar de tener cierta inquina por la clase política en general hay alguno – debe ser la excepción que confirma la regla – que me seduce, me despierta cierta simpatía. Y para más ‘inri’ se trata de un yanqui, concretamente del presidente de los EEUU Barak Obama. Antes de que empiecen a pensar mal de un servidor me gustaría que llegaran a leer hasta el punto final de este artículo.

La cuestión es que hace unas semanas, viernes por la noche concretamente, estaba tirado en el sofá, haciendo ese deporte español del que todos somos grandes profesionales (y no se trata de ser entrenadores mientras vemos a nuestro equipo favorito): el zapping. Estaba en ese quehacer cuando di con un programa que me llamó la atención entre tanta basura del corazón que invita a la gente a salir de casa, introducirse en ese gran mundo de los bares y tomarse una cerveza tras otra. En la televisión pública española, que cierto sector intenta denostar, La 2 (sí, la que todo el mundo dice que ve y no llega ni al 5% del share) emitían un reportaje sobre uno de los mejores fotoperiodistas: Pete Souza, actual jefe de fotografía de la Casa Blanca.

Lo bueno de sus fotografías, que se pueden ver tanto en petesouza.com como en whitehouse.gov, es conseguir que la escena captada refleje la naturaleza de ese instante, permaneciendo al margen y sin pedir la colaboración de los protagonistas, como si fuera un paparazzi. Con Obama lo ha hecho y tiene algunas imágenes que son impresionantes. Una de las que más me gusta se hizo el 20 de enero de 2009 cuando iba, creo, al baile que hacen tras la toma de posesión del cargo de presidente de EEUU. Está en un montacargas con su mujer, su chaqueta sobre los hombros de ella y las frentes rozándose, mirándose (se llama ‘Obamas on freight elevator’). ¿Se imaginan a José Luis haciendo lo propio con Sonsoles o a Mariano con su parienta? Pues de esas imágenes hay a montones.

Esto no es sólo mérito de Pete Souza, sino también de Barak Obama, que es capaz de conjugar la seriedad del cargo con la naturalidad de los momentos cotidianos. Como esa vez en la que estaba tomando una cerveza con un profesor universitario, amigo suyo, en los jardines de la Casa Blanca. O las veces que aparece sin americana ni corbata, con las mangas de la camisa remangadas. O cuando conversa con un crío y dejan que le abracen mientras los dos ríen. O cuando visita Irlanda y brinda con una pinta de Guinness con los parroquianos.

Sin embargo, entre toda la panda de mandamases que tenemos en España no veo yo a ninguno de ellos siendo natural. Y si lo han intentado, siempre ha sido, misterios de la vida, en momentos electorales o, en el caso de los alcaldes, en las fiestas locales en las que se han rodeado cinco minutos con la plebe, cañita en mano de tirón y poco más. Tiempo para que le vean un segundo con el pañuelo de fiesta y su séquito de concejales diciéndoles a los presentes que qué majo es el alcalde que está invitando a todo el mundo (casualmente pidiendo el ticket para pasarlo por gastos de protocolo o lo que le dé la gana, que para eso es el alcalde).

La historia es que da la sensación de que nuestros políticos, cuando llegan a sus poltronas, se olvidan de lo que han sido: personas (no sé si todos lo han llegado a ser), que han comprado dorada y gambas en la pescadería del barrio y en el Carcadona (por no decir marcas comerciales), tomado cervezas en un bar de barrio con la simple compañía de los suyos o que han reído a carcajadas. Que se han ido de barbacoa. Que han llevado camisas sin americanas, que las corbatas no la usaban en todas las ocasiones y se han puesto mangas cortas y las largas se las han remangado.

La política es un trabajo de servicio al ciudadano que tiene que entenderse como tal. Es bueno tener vida propia y saber demostrarlo, aunque tampoco digo que ahora Rajoy, Cospedal, Zapatero y Rubalcaba se vayan de botellón o se pongan ciegos a tomar cervezas hasta acabar con la corbata en la frente a las seis de la mañana.

La naturalidad de unos y la de otros no es la misma, o no se la han sabido trabajar. Una imagen vale más que mil palabras. En este caso la de Pete Souza vale enciclopedias de vocablos.

 

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Acerca de @jtrifero

Periodista. (Zaragoza, 1979). Estudié y crecí en Zaragoza. Me licencié en Periodismo (2004) y tengo un Máster de Gestión de la Información en la Organizaciones (Universidad de Murcia, 2011). Actualmente con el Doctorado sobre Periodismo de Datos y Big Data. Profesionalmente he trabajado en diversos medios de comunicación como Radio Ebro, Cadena SER Fraga y Calatayud, El Pueblo de Ceuta, Punto Radio Guadalajara Popular TV y Cadena COPE Guadalajara, El Faro de Murcia, Radio Águilas y, actualmente, La Opinión de Murcia.
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