22 de septiembre

Hoy no me apetece hablar de política, no me apetece criticar a nadie (aunque parezca extraño) ni tampoco ensalzar. Y eso que tenía en mente y estructurado un artículo sobre esto de las competencias y la inutilidad de algunas cuestiones que han sido fomentadas tanto por unos como por otros. Los que están y los que estaban y vendrán.
Pero como digo, éste no es el día de pensar ni escribir sobre ello. Hoy es el fin del verano. El inicio del otoño. Es un día especial en el que servidor, de siempre, se vuelve un tanto ñoño y le da por hacer balances. Y es que ante todo me gusta ser atípico, en vez de fin de año prefiero hacerlo un día tal como hoy. Porque hoy es el día, como digo, en el que acaba un periodo deseado por todo el mundo como es el verano, donde nos dejamos llevar más por la ligereza y la buena vida. Pero a la vez se inicia un momento en el que también, cansados del calor, empezamos a pensar algo en la manga larga y recuperar esa vida que llevamos a cabo el resto del año.
Las calles se llenarán de hojas, el sol se teñirá de un color un tanto cobrizo. El aire, en algunos sitios más que en otros, helarán las caras. Los días se harán más cortos y las noches más largas. Volverán las tarde-noches de sofá y película con palomitas.
En mi reflexión echo la vista atrás y veo las calles y los parques de mi Zaragoza natal por donde corría, me caía, llegaba a casa hecho unos zorros, lleno de tierra y rasguños (porque sí, los parques tenían tierra y piedras y no pasaba nada). Entonces mi madre me echaba una pequeña regañina, consciente de la próxima vez volvería igual que en ese instante, y me mandaba a la ducha.
El colegio donde estudié, Agustinos. Las trastadas que hice y me hicieron. Los deberes hechos y sin hacer. Exámenes aprobados y suspendidos que no me atrevía a enseñar en casa. O mejor dicho, los ‘progresa adecuadamente’ y ‘necesita mejorar’. Los compañeros que me acompañaron desde primero de parvulario y todavía, casi treinta años después, seguimos juntos. Calles mojadas y olor a lluvia. Sobre todo los 22 de septiembre que casi siempre diluviaba y, siendo pequeño, me enfundaba aquellas botas de agua.
Y de mi casa. De los disfraces que a la primera de cambio me enfundaba. Antes uno no tenía el sentido del ridículo. Cómo mi hermano y yo jugábamos a lo que fuera. Si había invitados no podía faltar El Monstruo de las Tinieblas por todos los rincones de la habitación. Mi primer ordenador, regalo de mi abuela por la Comunión, un Amstrad 512
Por supuesto, está en mi recuerdo cómo mi abuelo muchas veces me esperaba en la puerta del colegio y la ilusión que me hacía. O el olor de las brevas de crema que me traía mi abuela los fines de semana. Fiestas de cumpleaños o las navidades en familia.
También viene a mi mente, precisamente, uno de mis rincones favoritos que lo disfrutaba en Semana Santa y agosto y que esperaba como agua de mayo: Águilas. La estación, l’Aguilica, la playa, el placetón, Calabardina… todos los rincones. Y gestos, muchos gestos. Como que mi abuelo siempre me daba cien pesetas para que fuera al bar de al lado a comprarle un paquete de BN para, luego, quedarme con el cambio, creo que eran 15 pesetas, después de darle un beso estilo esquimal. O cómo él nos dejó la mejor herencia: el porqué del concepto ‘familia’. Su mayor ilusión era que la casa siempre estuviera llena. Que las celebraciones fueran de todos. Y hoy por hoy sigue viva esa herencia entre nosotros.
Pero no sólo recuerdo mi infancia. También el pasado reciente. El día en que un servidor marchó de casa, por primavera del año 2002, y ha dado tumbos por aquí y allá. Desde EEUU a Murcia, pasando por Ceuta o Guadalajara, entre otros sitios. Años en los que me hice a mí mismo y en los que conocí a personas que, aunque desde la distancia o falta de comunicación (contrasentido hoy en día, más proviniendo de un periodista) recuerdo con gran cariño. Otros siguen siendo mi presente. Con alguno he compartido y comparto profesión y varias ciudades: Ceuta y Murcia.
Mi presente, que hoy por hoy huele a Mediterráneo, que lo comparto con gente a la a quien tengo tanto que agradecer. Sin dar nombres saben quiénes son. Soy fruto de todo el pasado, del cual estoy completamente orgulloso. Mis errores han hecho que vaya dándome cuenta de en qué consiste la vida y las decisiones. Mis aciertos, en su mayoría, han sido gracias a quienes están velando por mí y al esfuerzo.
En fin, simplemente se trata de un balance personal, de echar la vista atrás para seguir caminando, cual abuelo cebolleta. Fin del verano, comienzo del otoño. 22 de septiembre.

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Acerca de @jtrifero

Periodista. (Zaragoza, 1979). Estudié y crecí en Zaragoza. Me licencié en Periodismo (2004) y tengo un Máster de Gestión de la Información en la Organizaciones (Universidad de Murcia, 2011). Actualmente con el Doctorado sobre Periodismo de Datos y Big Data. Profesionalmente he trabajado en diversos medios de comunicación como Radio Ebro, Cadena SER Fraga y Calatayud, El Pueblo de Ceuta, Punto Radio Guadalajara Popular TV y Cadena COPE Guadalajara, El Faro de Murcia, Radio Águilas y, actualmente, La Opinión de Murcia.
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