Periodista mercenario

Soy un mercenario. Lo confieso, he sido un mercenario a sueldo. No sólo lo he sido, lo soy. Vendo mi trabajo al mejor postor. Eso sí, no se crean que lo hago por gusto o vicio, simplemente es por cuestión económica, que la cosa no está como para decir que no a un trabajo.
No piensen que soy el único, somos muchos, lo que pasa es que pocos son capaces o bien de reconocerlo o bien de darse cuenta. El periodismo es así. Parece una profesión muy bonita, todo el mundo se queda casi con la boca abierta cuando les dices que eres periodista. Te preguntan por lo uno, por lo otro y por aquel tipo que ahora está en boca de todos. Pero pocos se interesan sobre las miserias de horarios, sueldos y llamadas inapropiadas pidiendo rectificaciones o tu puesto por un comentario poco idóneo, aunque sea veraz.
Al margen de esto, que es parte del encanto extraño de esta profesión, hay una cosa que está clara, lo que vengo a escribir hoy. Lo que acabo de confesar dos párrafos más arriba y el siguiente. Quien lea mi currículo verá que he trabajado para medios de izquierda y de derecha. Que soy capaz de hacer una cosa y otra sin que me cueste lo más mínimo. Tú me pagas y yo te defiendo durante mi jornada laboral. Así, sin más. Soy profesional y me dedico a lo mío, a trabajar si me das trabajo.
Recuerdo una conversación que tuve con una persona que me decía que si no era afín a la línea editorial cómo era capaz de trabajar allí. La respuesta era muy sencilla: lo que busco es trabajar y no hay más ofertas laborales. El periodismo es así. Gran cantidad de periodistas de izquierdas que trabajan en medios de derechas y reporteros de derechas en medios de izquierdas. Lo hacen con tal profesionalidad que todo el mundo cree que esa persona piensa, como su empresa, que es incapaz de tener un razonamiento propio.
El problema viene a colación de ésta última idea. Cuando un periodista o bien no tiene trabajo (actualmente son pocos los que lo tienen) o no está en su jornada laboral, puede decir que está en contra de tal reforma de la que había informado en su crónica o de la postura de aquel político. La cara de estupor e incredulidad de la persona de enfrente es para hacerle una foto. A mí me han tachado unos y otros, por mi trabajo, de facha y de rojo. Luego, cerveza en mano, se han sorprendido de que soy capaz de pensar por mí mismo.
Hay que darse cuenta que defender los intereses de la empresa no siempre quiere decir ser afín. Lo que significa es que se es buen profesional. El problema puede venir con la fidelidad del trabajador a la empresa. Es cierto que siempre se corre el riesgo de que se pueda ir a la competencia, pero esto se solventa de una forma muy fácil: no pagando mil euros. Sí, así de fácil. Pagando sueldos dignos, que permitan al trabajador poder vivir sin ningún problema económico, con el que pueda tener una vida normal y corriente. Casarse si quiere sin problemas e, incluso, tener uno o dos mozalbetes a los que cambiarles los pañales o pagarles los prohibitivos libros escolares.
La fidelidad de un mercenario es muy fácil conseguirla, tan sólo hay que tratarlo bien para que la imagen de la empresa siempre sea la mejor. Pero esto que digo y que puede sonar mal es un principio bastante lógico: si tratas bien a tu gente conseguirás que rinda bien. En ocasiones no es tanto el trabajar en el sitio de tus sueños como que tu trabajo te permita cumplir los sueños.
Y ojo, esto no es hipocresía, tan sólo es la realidad de una profesión en la que todo el mundo quiere poder hacer su trabajo bien y poder vivir de ello.

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Acerca de @jtrifero

Periodista. (Zaragoza, 1979). Estudié y crecí en Zaragoza. Me licencié en Periodismo (2004) y tengo un Máster de Gestión de la Información en la Organizaciones (Universidad de Murcia, 2011). Actualmente con el Doctorado sobre Periodismo de Datos y Big Data. Profesionalmente he trabajado en diversos medios de comunicación como Radio Ebro, Cadena SER Fraga y Calatayud, El Pueblo de Ceuta, Punto Radio Guadalajara Popular TV y Cadena COPE Guadalajara, El Faro de Murcia, Radio Águilas y, actualmente, La Opinión de Murcia.
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