Y ahora ¿quién sale a la calle?

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Ha pasado un día del Día de la Mujer Trabajadora, celebrado ayer 8 de marzo. Respecto al tema, poco que objetar, más bien al contrario. Sin embargo, si hay algo que me ha llamado poderosamente la atención es la notoriedad que se le ha dado a que las mujeres periodistas se hayan sumado, en denuncia de la discriminación que sufren. Tampoco puedo objetar, pero sí algo que precisar.
Lo que me escama es que si hay algo que realmente está afectando, minando y mermando el sector del periodismo no creo que sea eso. Más bien otra realidad de la que muchas personas han sido, hemos sido en algún momento y se sigue siendo cómplices: la brutal precariedad del sector, por la que se hacen trabajos por 800 euros. De aquí, descuenten el coche, el alquiler/hipoteca del piso, la luz, el agua, la compra y viva. Si es que puede.

Vemos páginas de periódicos, tertulias en radio o televisión, en la que se llenan de colaboradores que no cobran un céntimo. Eso, a las empresas, les viene de maravilla para negociar. Dicen ‘oiga, no pida mucho que su trabajo lo hace este otro por cero euros, que a mi lo que me interesa es rellenar los huecos de la publicidad’. Y es así, porque a muchos gestores lo que les importa solo es lo que se ingresa, los contenidos son secundarios. Aunque su empresa sea, paradójicamente, de contenidos.

También tiene parte de culpa el anunciante, que paga cientos de euros, incluso algunos miles, por páginas a las que al redactor le puede llevar todo un día confeccionarla y por la que le pagarán 10 o 20 euros (sumen horas totales, dividan por lo que cobra y diga lo que sale de salario diario). Por no hablar de la falta de facilidades de muchas empresas. He sido testigo de que algunas han dicho “quiero algo bonito” y no dan más datos de su negocio. Les mandas un texto y te lo hace rehacer. Y otra vez. Y otra vez. Por no hablar de aquellos que dan la respuesta por la noche.
Por otro lado están quienes, por amor al arte, se dedican a ser los Javier Marías, Pérez Reverte y Juan José Millás de la prensa local. ¿Cuántos tienen su columna semanal a un módico precio de cero euros? Les podría señalar uno, otro, otro, otro, otro… y así, unos cuantos artículos a cero euros con cero céntimos. En ellos, supuestos análisis de actualidad, de política, costumbrismo, deportes… Su articulista, quizás de cabecera, valora su esfuerzo por cero euros. Y todos tan contentos. Sobre todo quien gestiona la empresa.

Pero esto no sólo pasa en la prensa escrita, las radio y televisiones, especialmente locales, también llenan sus horas de gente que no cobra o tal vez algo ridículo. Algunos, dicen, que es por amor a la profesión. Otros, porque se están formando. Y, mientras, hay alguien que se lleva al bolsillo lo (poco o mucho) que se ingresa por publicidad.

Además, están las desigualdades en las redacciones, donde se hacen contratos diferentes por el mismo trabajo. Y por esto, nadie se ha manifestado, nadie ha puesto el grito en el cielo. ¿Qué hubiera pasado si hubiesen sido solo las mujeres las que tuvieran esos contratos? ¿Es que acaso no es discriminar que un compañero contratado más tarde y con contrato fijo, por el mero hecho de hacerlo en otro horario, cobre menos? Repito, nadie dice nada.
Otra realidad que también he visto y la que quise comprobar durante un mes fue la de las páginas en las que se supone que ayudan a los redactores, cuando es precisamente lo contrario. Webs que son intermediarias entre empresas que quieren un contenido de calidad para posicionarse o para hacer notas de prensa y los redactores que, con su esfuerzo, pujan por su trabajo. Pero claro, pujan a la baja y en la mayoría casi temeraria, donde se ve cómo la gente sigue peleándose por hacer un artículo por 3,5 euros o 3 euros o 2,5 euros. Es así de cierto y crudo. El trabajo de una persona que quizás tenga 10 años de experiencia, su licenciatura, posiblemente un postgrado cobrando 3,5 por artículo. Mire a ver cuánto le cobra el fontanero de guardia (con todos mis repetos por este gremio).

Esta es la realidad de los medios de comunicación, por la que nadie sale a la calle, por la que nadie pone el grito en el cielo. Porque en algún momento hemos sido cómplices, porque lo seguimos siendo. Y también por el ego, por el decir ‘mira, mi nombre sale publicado aquí, o se me escucha y ve aquí’. Eso sí, por cero euros. Eso es lo que esa persona vale profesionalmente.
Y esto, a las empresas, les da igual, lo único que ven son que sus gastos se reducen. Prefieren estar abiertas dando un trabajo extremadamente precario para parte de sus trabajadores, con diferencias salariales por las que nadie dice nada.
Ojo, no busquen aquí que estoy hablando de alguna empresa en concreto, si no pregunten a periodistas de diferentes provincias, de diferentes municipios si conocen alguna en la que ocurre esto.
Y ahora ¿quién sale a la calle?

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Acerca de @jtrifero

Periodista (Zaragoza, 1979) que le gusta hablar de lo que le rodea. Inquieto por la tecnología, la política y el medio ambiente.
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